Soliloquios de Bruno Jordán

 

  • No importa tanto la etapa que se cubre como la dirección en que se camina.
  • Los factores del producto no alteran el orden.
  • De esto solo puedo hablar yo. Aunque, mirándolo de otra manera, yo solo puedo hablar de esto.
  • Salgo de casa por las mañanas tan cargado de buenas intenciones que a la vuelta de la esquina ya me he aligerado de unas cuantas.
  • El amor es un capital que no debe administrarse.
  • Lo que mejor aprendieron de Marx nuestros socialistas es que a la política la mueven intereses económicos.
  • A los 24 años tenía soluciones para arreglar el mundo; a los 42, el mundo no las tiene para arreglarme a mí.
  • Los seres humanos deberíamos reflexionar más a menudo sobre el hecho de que tenemos dos oídos pero una sola boca.
  • Libreme Dios de ser Santo… para no terminar haciéndole el juego al Diablo.
  • No se trata de que dude de la existencia de Dios; de lo que verdaderamente dudo es de si fue sensato que comenzásemos a hacernos tal pregunta.
  • Menos solvente que la liquidez de una S en Murcia.
  • Para clase concienciada… la de los sindicalistas.
  • Existen dos clases de personas: quienes generalizan y el resto.
  • La cobardía mata, sí, pero de miedo.
  • Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
  • Hablemos claro: al pan, pan y al vino, agua.
  • No comulgo: ni con ruedas de molino ni hostias.
 
 – Vanidad viene de vano y vanagloria se desglosa por sí misma.
 
 – Estado del Bienestar no sé si hubo alguna vez; del Malestar siempre.
 
 – Prefiero conocer muchas mentiras a demasiadas verdades.
 
 – La suerte de muchos creyentes va a ser que Dios no exista.
 
 – Dios existe… bien ¿y qué?
 
 – Cuando nos casamos me prometiste el oro y el moro. El oro, medio, medio, pero el moro… ni verlo.
 
 – La acción dificulta la reflexión pero sin acción… ¿para qué y sobre qué reflexionar?
 
 – Barrer para casa consigue con la única máxima seguridad ponerla aún más sucia.
 
 – La vida me demuestra continuamente que es complicada y se empeña cotidianamente en que aprenda a reflexionar de manera compleja para encontrar soluciones sencillas.
 
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Una respuesta a Soliloquios de Bruno Jordán

  1. Marisa dijo:

    A los 24 años tenía soluciones para arreglar el mundo; a los 42, el mundo no las tiene para arreglarme a mí.Cada ser ser humano es un mundo.

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